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martes, 10 de noviembre de 2015

Palabras

Hay palabras que por más que se borren, eliminen, pisen o tapen... nunca dejarán de existir. Lo que nos dicen desde chicos, la típica frase. "Por algo tenemos dos orejas, dos ojos y una boca".
Arma de doble filo la palabra. Puede resultar ser algo conmovedor y altamente sentimental y emocional; como puede ser un cuchillo filoso y frío, incrustado directamente en la espalda. Tenemos que mirar el doble, y escuchar el doble de todo lo que decimos. Y de lo que escribimos... puf. Si tendremos que tener cuidado nosotros, los letreros. 
A los que nos gusta el papel y la lapicera, a los que nos gusta cómo suena el ruido de las teclas mientras las palabras fluyen... a nosotros, cuidado. Porque lo nuestro, incluso es peor que nada más hablarlo. Nosotros no sólo lo decimos, sino que lo dejamos plasmado para la posteridad. Para los que vengan a leerlo. No es algo que soltamos y se vuela. Es algo que queda ahí, para que después otro venga y lea, critique, odie o ame. Y para que, hablando resumidamente, use a su antojo.
Somos bravos nosotros, los letreros. (Y digo letreros, porque en mi caso en particular no me considero escritora; sería una falta de respeto. Letreros somos todos los que escribimos, pero escritores hay pocos. Y yo no soy una).
Pero digo... a todos nosotros que vivimos leyendo y escribiendo porque es algo que nos encanta, a nosotros que encontramos excelentísimas virtudes y asquerosos defectos en todo lo que veamos escrito, y en lo que escribimos... 
A nosotros, nos gusta sufrir, eh?
Nos emocionan las lágrimas. Nos emociona el enojo. Nos emociona la impotencia. 
Nosotros somos distintos. No somos los idiotas felices con la "felicidad". Somos los idiotas que sufren por todo, TODO. Pero que en cada sufrimiento, encuentran virtud. Encuentran palabras. Serán las palabras sinónimo de felicidad de los escritores? 
Maldito círculo vicioso. Ojalá que nunca termine.


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