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domingo, 15 de mayo de 2016

Día 14

A menudo la gente huye de la felicidad. Y ante la felicidad ajena, la gente destruye. Somos seres increiblemente destructivos los seres humanos, valoramos cuando no lo tenemos, cuando está lejos. En cambio, a unos pasos de llegar, esa felicidad pierde tacto, pierde sentido, no era eso que tan feliz te hacía hace 20 pasos atrás.
La gente huye, y no valora los momentos de felicidad... porque, justamente; esos momentos se construyen sin darse cuenta, y pocas veces da lugar a la reflexión mientras se viven. Uno está tan bien, que ni cuenta se da del valor que tiene cada minuto. Como dije hace un par de entradas, en un momento extrañamente dulce del domingo 1 de mayo: "Las grandes felicidades suelen ser inadvertidas".
Inadvertidas por uno mismo, y por los demás a nuestro alrededor. Esas parejas hermosas y clichés, tan perfectas para la foto y las redes sociales... sepan perdonarme. Pero dudo bastante de su felicidad, pienso que uno realmente no se da cuenta cuando es feliz de veras. Menos da para tomarse el tiempo de sacarse fotos buscando aprobación del resto de los pseudoenamorados.

La felicidad es una cosa tan pero tan interna! Es uno el que tiene que hacer el click para poder encenderla.

Digamos que esos amores falsos son como las cocinas con encendido eléctrico. Prende enseguida esa estúpida felicidad.
Y digamos que una es la pelotuda que tiene una cocina del año del pedo y lucha para encontrar los putos fósforos cada vez que quiere prenderla.
Y a veces están mojados.
O se encuentra la caja vacía...

Pero cuando prende, sé que prende con todas sus fuerzas.

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