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martes, 4 de febrero de 2020

Fill in the blanks

Escribir es desnudarse,
sin el desnudo
son solo palabras lindas.

Palabras que tienen sentido
sólo para la RAE
(pero) no para el alma.

Palabras huecas de contenido,
de amor,
de locura,
de gracia.

Esas palabras, no escriben nada.

domingo, 6 de octubre de 2019

Baúl

Quien diría que la vida es un baúl sin fondo...
Uno abre la tapa, y tira, y tira, pensando que  guarda, cuando en realidad no es así.
Uno tira confiando que al tiempo va a abrirlo, y va a encontrar todas esas cosas que dejó ahí, inmaculadas como al momento en que decidió guardarlas. Pero no. 
Uno abre y además de estornudar de tanto polvo, mira para todos lados, pero no las ve. Mira los bordes, las grietas, pero no las logra ver.
Porque uno de repente las encuentra -atrás del cachivacherío y con plumero en mano- pero esas cosas, tan cambiadas, tan marchitas, ya no son las mismas que fueron alguna vez. Y por ende, es como si no estuvieran... cómo si se hubieran ido a otro lado.
Maldito tiempo, que hace y deshace a desmedro, que agujerea baúles de cedro y de las maderas más fuertes que existen. 
Maldito tiempo. Voy a tener que cerrar con llave el baúl para no guardar más de la cuenta, para que no te lleves más de lo que quiero.
Para que no te me escapes. No quiero más agujeros.

jueves, 19 de septiembre de 2019

Fragmentos antes de dormir


Hoy por hoy nadie vive. Y rara vez las cosas tienen un sonido o un olor particular. Vivimos en lo instantáneo, en lo rápido, en lo automático y no hay tiempo para detenerse.
Hoy por hoy, se vive... sin vivir.

jueves, 29 de agosto de 2019

https://youtu.be/DD4rxB-ZUj8

Es fácil ver la gente que nos pasa
Como un rayo a toda velocidad
Abriendo un paralelo hacia otro mundo
Sin ver en el que estás

viernes, 19 de julio de 2019

Desencasillarse

Viví toda la vida adentro de una caja. Sabés que frustración es esa? Abrir los ojos... ver la misma caja que cuando nací, los mismos límites, sus cuatro paredes de cartón y algunos dibujos que les hice mientras me aburría. Cuando era chica podía pararme adentro de la caja y seguir viendo el mismo cartón, ese mismo cartón corrugado que siempre me rodeó desde niña. Siempre esperé poder ver algo distinto, pero nunca lo encontraba. Me paré a los dos años, a los seis, a los diez... pero nada cambiaba. Y de ver tantas veces ese horizonte de cartón dejé de pararme y creí al fin que estaba destinada a ver siempre esas cuatro paredes tan apagadas.
Sin darme cuenta, fui creciendo, pero ni me volví a cuestionar al respecto. Aprendí a adornar esas paredes, dibujandole flores y corazones, escribiendolas por doquier, marcándolas a mi manera. Si iba a vivir toda la vida ahí, decidí que iba a ser a mi manera; haciendo de ese encierro una especie de libertad maquillada. Y la verdad que esas paredes me quedaron tan hermosas que quise quedarme allí de ahí en más.
Este año sin quererlo me acalambré una pierna y me tuve que parar, y adivinen que? Con 25 años toqué el techo de la caja y vi para afuera. No era mentira que había un más allá... lleno de luz y posibilidades infinitas.
Vivimos en una sociedad que nos pone esa caja arriba ni bien nacemos. Esos límites, la moral, lo bueno y lo malo, lo correcto e incorrecto. Todas esas dualidades, la necesidad de tachar el comportamiento del otro simplemente por pensar distinto. Esa caja que te impone que hay maneras de pensar que son mejores que otras, cuando en realidad solo son diferentes. Yo vivi toda mi vida adentro de una caja, pero aprendí a salir. A desafiarme a mi misma, a ir más rápido que lo que me dijeron que podría.
Vivís tanto tiempo adentro de la caja que llega un momento que crees que no podes salir. Y entendés que no hay un más allá de eso ni de nada. Como al elefante de circo, que lo encadenan de chiquito, y cuando es grande (pudiendo zafarse de un tirón), no lo hace. Y por qué no lo hace? Porque piensa que no puede.
Hasta el tablero de ajedrez nos enseña que su pieza más poderosa es la reina, porque puede moverse para todos lados, y a donde y cuanto quiera. Siempre uno se puede desencasillar. Siempre se puede salir de la caja. Los más allá y las posibilidades son infinitas, por suerte.

jueves, 30 de mayo de 2019

Agua

Hacía tiempo que no me pasaba esto de llorar sin poder frenar. Años quizás.
Supongo que las lágrimas que no se lloran a tiempo quedan por ahí, estancadas, juntando agua en un charquito adentro del alma. Supongo que no estoy tan normal, ni tan insensible, ni tan sensata como creí. Sigo siendo esa niña que se fija en todo, que todos los detalles le importan aunque no quiera. Aunque pretenda que no le importe.
Sigo siendo la misma niña que se encerraba a llorar todas las palabras que no podía decir.

Nota mental: toda agua que se estanca por mucho tiempo, se pudre. Hay que dejar fluir... (o tratar, por lo menos)

domingo, 14 de abril de 2019

Nunca supe si era muy inteligente o muy estúpida emocionalmente.
Creo que ambas cosas, inevitablemente, van de la mano.